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La educación afectivo‑sexual es un derecho de la infancia y la adolescencia. Se basa en el convencimiento de que conocer el cuerpo, comprender las emociones, practicar el respeto y conocer la diversidad son herramientas esenciales para crecer de forma sana. En los últimos años, Cantabria y otras comunidades han dado un salto cualitativo al introducir la educación afectivo sexual en centros educativos como parte de programas diseñados por entidades de referencia como la Asociación Ciudadana Cántabra Anti Sida (ACCAS) y la Red Educativa para la Salud Sexual (RESS).

La necesidad de una educación integral

La sexualidad está presente en todas las etapas de la vida y se relaciona con aspectos tan básicos como la identidad, la autoestima o la capacidad de establecer vínculos. Sin embargo, muchas escuelas siguen relegándola a un segundo plano. La RESS denuncia que esta situación deja a los jóvenes sin herramientas para enfrentar la realidad: embarazos no deseados, infecciones de transmisión sexual, violencia sexual o relaciones abusivas son algunas de las consecuencias de la falta de formación. La educación afectivo‑sexual aborda estos problemas de raíz al fomentar la empatía, la responsabilidad y el pensamiento crítico.

ACCAS y RESS explican que sus programas se dirigen especialmente a adolescentes de secundaria y a menores en riesgo de exclusión social. Los talleres ofrecen espacios seguros y enriquecedores donde el alumnado puede expresar dudas y sentirse acompañado. La sexualidad se aborda desde una visión global del ser humano, desterrando tabúes y abriendo un diálogo sobre emociones, relaciones y diversidad.

Programas de referencia en Cantabria

Conexa: 24 sesiones a lo largo de la ESO

El programa ConeXa, impulsado por ACCAS, se estructura en 24 sesiones repartidas a lo largo de los cuatro cursos de la ESO. Este formato continuo permite trabajar de manera progresiva los diferentes aspectos de la sexualidad y adaptarse al desarrollo del alumnado. ConeXa enseña que la educación afectivo sexual en centros educativos es mucho más que hablar de anatomía: incluye temas como el respeto y el consentimiento, la diversidad sexual, la comunicación eficaz, la responsabilidad afectiva, la prevención del VIH y las ITS, y la crítica a la pornografía como fuente de aprendizaje.

Emociones, Relaciones y Sexualidades: cultivar el amor propio y la empatía

Otra iniciativa destacada de ACCAS es Emociones, Relaciones y Sexualidades, dirigida a jóvenes entre 13 y 17 años. Estos talleres, que se imparten en institutos de Cantabria durante el tercer trimestre, tienen un objetivo claro: promocionar la salud sexual desde una perspectiva integral. Para ello combinan información científica con trabajo emocional.

Los contenidos se centran en diferenciar enamoramiento y amor, desarrollar habilidades sociales como la asertividad y la empatía, conocer las distintas dimensiones de la sexualidad, desmontar mitos y aprender a identificar y prevenir conductas sexuales de riesgo. La guía que acompaña a este programa, elaborada por ACCAS, recoge más de 20 años de experiencia y presta especial atención a la información menos accesible pero esencial para vivir la sexualidad de forma positiva.

“Serendipity” y la formación de profesionales

ACCAS no se conforma con ofrecer talleres para estudiantes: también forma a quienes los imparten. Su curso “Serendipity” es una formación teórico‑práctica sobre educación afectivo sexual y prevención del VIH/Sida, dirigida a profesionales y voluntarios de otras organizaciones. Esta apuesta por la capacitación ha sido clave para dar un giro a los proyectos de prevención del VIH y asegura que la educación afectivo‑sexual se imparta con rigor y sensibilidad.

Asociaciones contra el SIDA - RESS

Resultados y datos significativos

El impacto de estas iniciativas es tangible. ACCAS destaca que su programa de formación y sensibilización llegó en 2015 a 1.000 alumnos del segundo ciclo de secundaria, con el objetivo de que vivan su sexualidad de forma positiva y mantengan relaciones sanas, promoviendo la tolerancia y el respeto. El mismo artículo informa de que, en esa etapa, ACCAS aumentó su trabajo de detección y prevención de VIH, evidenciando la relación entre educación y salud.

El programa burgalés Sexualidad en las aulas –integrado en la RESS– reportó un alto grado de satisfacción: 97,8 % del alumnado declaró estar satisfecho o muy satisfecho con la formación. Sus contenidos se adaptan a cada nivel: en 2º de ESO se tratan la biología de la sexualidad, los modelos de belleza, las habilidades de comunicación y las conductas eróticas, mientras que en 4º se incorporan temas como diversidad sexual, autoestima, relaciones de pareja, celos, primeros encuentros eróticos y prevención del VIH/Sida. La respuesta positiva del alumnado confirma que la educación afectivo‑sexual es demandada y valorada cuando se imparte con sensibilidad y rigor.

Pese a los avances, persisten desafíos. ACCAS reivindica que la educación afectivo‑sexual sea transversal y de calidad, ya que la formación aislada no basta para transformar actitudes arraigadas. Se necesitan más recursos y formación especializada para el profesorado, así como la participación activa de las familias y la comunidad. También es esencial adaptar los contenidos a las realidades diversas de los jóvenes: personas migrantes, LGTBIQA+, adolescentes con discapacidad, menores no acompañados, etc. La RESS recuerda que sus talleres están dirigidos especialmente a quienes se encuentran en riesgo de exclusión.

Abordemos la sexualidad de manera integral

Integrar la educación afectivo sexual en centros educativos es apostar por una juventud más informada, libre y respetuosa. Los programas de ACCAS, la RESS y las asociaciones aliadas demuestran que es posible abordar la sexualidad de manera integral, combinando información científica con trabajo emocional y social. Las evaluaciones y testimonios muestran que los estudiantes valoran positivamente esta formación, que mejora su autoestima, fomenta relaciones sanas y previene la violencia.

La educación afectivo‑sexual no es un lujo, sino un derecho. Para que se convierta en una realidad consolidada se necesita el apoyo de toda la comunidad educativa, de las instituciones y de la sociedad en su conjunto. Al hacerlo, contribuimos a construir un entorno escolar donde cada persona pueda vivir su sexualidad y sus afectos con libertad, responsabilidad y respeto.

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